COPENHAGEN ACCORD. SUMMARY
The Accord:
Endorses the continuation of the Kyoto Protocol.
Emphasises a "strong political will to urgently combat climate change in accordance with the principle of common but differentiated responsibilities and respective capabilities".
Recognises "the scientific view that the increase in global temperature should be below 2 degrees Celsius".
Recognises "the critical impacts of climate change and the potential impacts of response measures on countries particularly vulnerable to its adverse effects".
Stresses "the need to establish a comprehensive adaptation programme including international support".
Recognises that "deep cuts in global emissions are required according to science".
Agrees cooperation in stopping global and national greenhouse gas emissions from rising "as soon as possible".
States that "Enhanced action and international cooperation on adaptation is urgently required to... reduc[e] vulnerability and build.. resilience in developing countries, especially in those that are particularly vulnerable, especially least developed countries, small island developing States and Africa".
Agrees that "developed countries shall provide adequate, predictable and sustainable financial resources, technology and capacity-building to support the implementation of adaptation action in developing countries".
Agrees that developed countries would "commit to economy-wide emissions targets for 2020" to be submitted by 31 January 2010.
Agrees that parties to the Kyoto Protocol would strengthen their existing targets.
Agrees that developing nations would "implement mitigation actions" to slow growth in their carbon emissions, submitting these by 31 January 2010.
Agrees that developing countries would report those actions once every two years via the U.N. climate change secretariat, and that "delivery of reductions and financing by developed countries will be measured, reported and verified... and will ensure that accounting of such targets and finance is rigorous, robust and transparent".
Recognises "the crucial role of reducing emission from deforestation and forest degradation and the need to enhance removals of greenhouse gas emission by forests", and the need to establish a mechanism to enable the mobilization of financial resources from developed countries to help achieve this States that "scaled up, new and additional, predictable and adequate funding as well as improved access shall be provided to developing countries... to enable and support enhanced action on mitigation".
Agrees a "goal" for the world to raise $100 billion per year by 2020, from "a wide variety of sources", to help developing countries cut carbon emissions and adapt to climate change.
Agrees that developed countries would raise funds of $30 billion from 2010-2012 to help developing nations fight climate change.
Establishes a Copenhagen Green Climate Fund "to support projects, programme, policies and other activities in developing countries related to mitigation".
Establishes a Technology Mechanism "to accelerate technology development and transfer".
Calls for "an assessment of the implementation of this Accord to be completed by 2015... This would include consideration of strengthening the long-term goal", for example to limit temperature rises to 1.5 degrees.
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sábado, 9 de enero de 2010
sábado, 19 de diciembre de 2009
América Latina y el cambio climático
La región dio un primer paso tendiente a un compromiso para disminuir la emisión de los gases que alteran el clima.
Teniendo en cuenta que ante las negociaciones internacionales sobre cambio climático no existía una visión del pensamiento de America latina, se creó a principios de 2009, bajo el auspicio de la Fundación Avina, la Plataforma Climática Latinoamericana (PCL). Integrada por el sector privado y la sociedad civil, su objetivo fundamental es instalar la atención sobre el cambio climático y sus efectos como un criterio prioritario para la toma de decisiones ambientales, políticas, sociales y económicas, a múltiples niveles, tanto en el sector público como en el sector privado de la región. De modo complementario, la PCL aspira a darle seguimiento nacional y local a los acuerdos internacionales climáticos para poder transmitir las distintas voces latinoamericanas en los escenarios globales.
Así, la Plataforma surge como una iniciativa promisoria que sistematiza las voces de la región: las convergencias y las diferencias, las preocupaciones y las propuestas concretas frente a los retos del cambio climático.
En ese marco se llevó a cabo una serie de encuentros en cinco países de América latina, que dieron lugar a las diferentes visiones de mas de 400 representantes de todos los sectores. La finalidad es contribuir al proceso de construcción de posiciones nacionales para las negociaciones sobre cambio climático y discutir acerca de los desafíos y oportunidades que presenta este fenómeno global.
Estos foros fueron sistematizados en un documento regional, escrito en español e inglés, presentado en uno de los eventos del cónclave que se está llevando a cabo en Copenhague. Entre sus principales mensajes, señala en primer término que los países desarrollados deben hacer un mayor esfuerzo en la reducción de sus emisiones y en su obligación de transferir tecnologías y recursos en cantidad suficiente para asegurar la adaptación de los países en desarrollo.
Sin embargo, se aclara en segundo término que los países de la región latinoamericana deben adoptar medidas de mitigación y adaptación urgentemente sin aguardar la provisión de fondos por parte de los países desarrollados. Sin duda, hay mucho para ganar adoptando esta estrategia y mucho para perder en caso de una respuesta tardía.
Sin perjuicio de que el mercado de carbono tenga una función relevante en una estrategia global de reducción de emisiones, el texto sostiene que se requiere una profunda transformación de los llamados mecanismos de desarrollo limpio (MDL) para que puedan convertirse en un medio idóneo para cumplir con su doble cometido de ayudar a reducir las emisiones y contribuir al desarrollo sustentable. Se menciona también que la protección de los bosques es una prioridad para la región y que hay acuerdo para la implementación de un sistema de financiación de mecanismos de mitigación en la medida en que se enmarquen en el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas de los países en relación al cambio climático, y que estos fondos deben ser adicionales y diferentes a los requeridos con fines de adaptación.
Finalmente, se subraya que el cambio climático es una preocupación de todos los sectores y no sólo un tema ambiental, y que es imprescindible ampliar la participación de toda la sociedad y lograr la coordinación interinstitucional de los distintos actores gubernamentales en los temas de cambio climático.
Se trata de una visión regional, aun cuando ofrezca diferencias, que contribuye a facilitar la obtención de los acuerdos necesarios para solucionar un problema de dimensión planetaria.
Cualquier iniciativa que apunte a revertir este fenómeno provocado por el hombre resulta bienvenida. Y muy especialmente en estos momentos donde lo coyuntural nos excede y nos impide promover una necesaria reflexión sobre la vida del hombre en la tierra en el mediano y largo plazo.
Teniendo en cuenta que ante las negociaciones internacionales sobre cambio climático no existía una visión del pensamiento de America latina, se creó a principios de 2009, bajo el auspicio de la Fundación Avina, la Plataforma Climática Latinoamericana (PCL). Integrada por el sector privado y la sociedad civil, su objetivo fundamental es instalar la atención sobre el cambio climático y sus efectos como un criterio prioritario para la toma de decisiones ambientales, políticas, sociales y económicas, a múltiples niveles, tanto en el sector público como en el sector privado de la región. De modo complementario, la PCL aspira a darle seguimiento nacional y local a los acuerdos internacionales climáticos para poder transmitir las distintas voces latinoamericanas en los escenarios globales.
Así, la Plataforma surge como una iniciativa promisoria que sistematiza las voces de la región: las convergencias y las diferencias, las preocupaciones y las propuestas concretas frente a los retos del cambio climático.
En ese marco se llevó a cabo una serie de encuentros en cinco países de América latina, que dieron lugar a las diferentes visiones de mas de 400 representantes de todos los sectores. La finalidad es contribuir al proceso de construcción de posiciones nacionales para las negociaciones sobre cambio climático y discutir acerca de los desafíos y oportunidades que presenta este fenómeno global.
Estos foros fueron sistematizados en un documento regional, escrito en español e inglés, presentado en uno de los eventos del cónclave que se está llevando a cabo en Copenhague. Entre sus principales mensajes, señala en primer término que los países desarrollados deben hacer un mayor esfuerzo en la reducción de sus emisiones y en su obligación de transferir tecnologías y recursos en cantidad suficiente para asegurar la adaptación de los países en desarrollo.
Sin embargo, se aclara en segundo término que los países de la región latinoamericana deben adoptar medidas de mitigación y adaptación urgentemente sin aguardar la provisión de fondos por parte de los países desarrollados. Sin duda, hay mucho para ganar adoptando esta estrategia y mucho para perder en caso de una respuesta tardía.
Sin perjuicio de que el mercado de carbono tenga una función relevante en una estrategia global de reducción de emisiones, el texto sostiene que se requiere una profunda transformación de los llamados mecanismos de desarrollo limpio (MDL) para que puedan convertirse en un medio idóneo para cumplir con su doble cometido de ayudar a reducir las emisiones y contribuir al desarrollo sustentable. Se menciona también que la protección de los bosques es una prioridad para la región y que hay acuerdo para la implementación de un sistema de financiación de mecanismos de mitigación en la medida en que se enmarquen en el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas de los países en relación al cambio climático, y que estos fondos deben ser adicionales y diferentes a los requeridos con fines de adaptación.
Finalmente, se subraya que el cambio climático es una preocupación de todos los sectores y no sólo un tema ambiental, y que es imprescindible ampliar la participación de toda la sociedad y lograr la coordinación interinstitucional de los distintos actores gubernamentales en los temas de cambio climático.
Se trata de una visión regional, aun cuando ofrezca diferencias, que contribuye a facilitar la obtención de los acuerdos necesarios para solucionar un problema de dimensión planetaria.
Cualquier iniciativa que apunte a revertir este fenómeno provocado por el hombre resulta bienvenida. Y muy especialmente en estos momentos donde lo coyuntural nos excede y nos impide promover una necesaria reflexión sobre la vida del hombre en la tierra en el mediano y largo plazo.
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Cambio climático
jueves, 17 de diciembre de 2009
Cumbre climática de Copenhague
Sin indicios de un acuerdo, continúan las negociaciones en la cumbre climática.
Crecen las diferencias entre los países industrializados y los emergentes y se aleja la meta de firmar un documento conjunto
COPENHAGUE (EFE).- La presidencia de la cumbre del clima de Copenhague "continúa las consultas con los ministros de Ambiente para saber cómo se va a actuar", dijeron hoy a Efe fuentes de la conferencia.
La cumbre de la ONU sobre el cambio climático concluye mañana en Copenhague y, pese a la llegada de los primeros jefes de Estado y de Gobierno, las posibilidades de aproximación entre los países desarrollados y en desarrollo para forjar un acuerdo son escasas.
Según portavoces de organizaciones ambientalistas, hay varios textos de la presidencia danesa que tratan de acercar posiciones sobre la reducción de las emisiones de gases invernadero.
Pero la prensa danesa informaba hoy de que la presidencia, asumida ayer por el primer ministro danés, Lars Lökke Rasmussen, había renunciado a un acuerdo para esta cita.
En Berlín, la canciller alemana, Angela Merkel, en una declaración de gobierno ante el Parlamento alemán, dijo que no sabía "exactamente en qué momento se está ahora, pero las noticias que nos llegan de Copenhague no son buenas".
Merkel, que llegará a Copenhague por la tarde, instó a todos los participantes a alcanzar un acuerdo vinculante para limitar el aumento de la temperatura a 2 grados y afirmo que le reunión será un fracaso "si no logramos un acuerdo vinculante para evitarlo".
Uno de los principales escollos era la cuestión de la financiación a los países pobres por los daños causados por el calentamiento global.
La Unión Africana (UA) ha respaldado la propuesta de la Unión Europea de destinar 100.000 millones de euros anuales de ahora a 2020 para luchar contra el calentamiento global, lo que se pensó que podría ayudar a desbloquear los debates.
Pero las suspicacias de China sobre una verificación en el territorio nacional de las emisiones y sus exigencias de que los responsables de la contaminación paguen por ella han chocado frontalmente con la postura de EEUU, que se niega a pagar un centavo a Pekín por sus emisiones.
Ante la llegada del presidente norteamericano, Barack Obama, para reunirse con los demás líderes, en Copenhague se barajaba también un acuerdo de mínimos para evitar el fracaso de la cumbre.
El consenso podría pasar, según algunas fuentes, en limitar el aumento de la temperatura del Planeta a dos grados hasta 2050 frente al valor de la era preindustrial.
Estos parámetros exigirían una elevada reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por parte de los países ricos hasta 2020, entre el 25 y el 40%.
A su vez, la UE se ha comprometido a rebajarlas hasta el 20% hasta 2020 y, si otras naciones también se muestran dispuestos a ello, incluso a aumentar los recortes hasta el 30%.
Crecen las diferencias entre los países industrializados y los emergentes y se aleja la meta de firmar un documento conjunto
COPENHAGUE (EFE).- La presidencia de la cumbre del clima de Copenhague "continúa las consultas con los ministros de Ambiente para saber cómo se va a actuar", dijeron hoy a Efe fuentes de la conferencia.
La cumbre de la ONU sobre el cambio climático concluye mañana en Copenhague y, pese a la llegada de los primeros jefes de Estado y de Gobierno, las posibilidades de aproximación entre los países desarrollados y en desarrollo para forjar un acuerdo son escasas.
Según portavoces de organizaciones ambientalistas, hay varios textos de la presidencia danesa que tratan de acercar posiciones sobre la reducción de las emisiones de gases invernadero.
Pero la prensa danesa informaba hoy de que la presidencia, asumida ayer por el primer ministro danés, Lars Lökke Rasmussen, había renunciado a un acuerdo para esta cita.
En Berlín, la canciller alemana, Angela Merkel, en una declaración de gobierno ante el Parlamento alemán, dijo que no sabía "exactamente en qué momento se está ahora, pero las noticias que nos llegan de Copenhague no son buenas".
Merkel, que llegará a Copenhague por la tarde, instó a todos los participantes a alcanzar un acuerdo vinculante para limitar el aumento de la temperatura a 2 grados y afirmo que le reunión será un fracaso "si no logramos un acuerdo vinculante para evitarlo".
Uno de los principales escollos era la cuestión de la financiación a los países pobres por los daños causados por el calentamiento global.
La Unión Africana (UA) ha respaldado la propuesta de la Unión Europea de destinar 100.000 millones de euros anuales de ahora a 2020 para luchar contra el calentamiento global, lo que se pensó que podría ayudar a desbloquear los debates.
Pero las suspicacias de China sobre una verificación en el territorio nacional de las emisiones y sus exigencias de que los responsables de la contaminación paguen por ella han chocado frontalmente con la postura de EEUU, que se niega a pagar un centavo a Pekín por sus emisiones.
Ante la llegada del presidente norteamericano, Barack Obama, para reunirse con los demás líderes, en Copenhague se barajaba también un acuerdo de mínimos para evitar el fracaso de la cumbre.
El consenso podría pasar, según algunas fuentes, en limitar el aumento de la temperatura del Planeta a dos grados hasta 2050 frente al valor de la era preindustrial.
Estos parámetros exigirían una elevada reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por parte de los países ricos hasta 2020, entre el 25 y el 40%.
A su vez, la UE se ha comprometido a rebajarlas hasta el 20% hasta 2020 y, si otras naciones también se muestran dispuestos a ello, incluso a aumentar los recortes hasta el 30%.
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Cambio climático
lunes, 12 de octubre de 2009
La previa de Copenhague: duro debate por el cambio climático
Personalidades de todo el mundo urgieron este fin de semana a los líderes de las potencias a que dejen de lado sus intereses personales y ofrezcan sustanciales reducciones de los gases contaminantes que provocan el calentamiento global.
Por: Gustavo Sierra, Clarín, enviado especial a Dinamarca
En una reunión previa a la cumbre de Medio Ambiente que se llevará a cabo también en la capital danesa, el ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan y el presidente de la Unión Europea, José Barroso, se mostraron muy preocupados por la falta de acuerdos cuando faltan apenas 50 días para el comienzo de la crucial cumbre. Lo que está en juego es si los países más desarrollados van a reducir sustancialmente la emisión de dióxido de carbono y si van a compensar a los países en desarrollo para que hagan lo mismo. El premio Nobel, Joseph Stiglitz, pidió que se dejara de pensar en la fórmula del "cap and trade" por la que los países tendrían una especie de bonos de cuota de emisión de gases que podrían vender y comprar a otros países. Y el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo propuso la creación de un impuesto universal a la contaminación que acompañe a una reducción sustancial de las emisiones de carbono de al menos el 25% antes del 2020.
Por: Gustavo Sierra, Clarín, enviado especial a Dinamarca
En una reunión previa a la cumbre de Medio Ambiente que se llevará a cabo también en la capital danesa, el ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan y el presidente de la Unión Europea, José Barroso, se mostraron muy preocupados por la falta de acuerdos cuando faltan apenas 50 días para el comienzo de la crucial cumbre. Lo que está en juego es si los países más desarrollados van a reducir sustancialmente la emisión de dióxido de carbono y si van a compensar a los países en desarrollo para que hagan lo mismo. El premio Nobel, Joseph Stiglitz, pidió que se dejara de pensar en la fórmula del "cap and trade" por la que los países tendrían una especie de bonos de cuota de emisión de gases que podrían vender y comprar a otros países. Y el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo propuso la creación de un impuesto universal a la contaminación que acompañe a una reducción sustancial de las emisiones de carbono de al menos el 25% antes del 2020.
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Cambio climático
sábado, 3 de octubre de 2009
Asia y el cambio climático
Asia, región vulnerable al cambio climático, podría elevar su voz en la cita de Copenhague
Por Danny Kemp. De la Agencia AFP
BANGKOK.- La serie de tifones que acecharon esta semana el sudeste de Asia demuestran la gran vulnerabilidad de la región ante el cambio climático, pero permitirán quizás a esta región hacer oír su voz en las negociaciones internacionales sobre el clima.
Hasta ahora, los países asiáticos, tremendamente expuestos a las catástrofes climáticas, no se han manifestado frente a los países ricos en las negociaciones iniciadas hace dos años sobre el calentamiento global y que se reanudaron esta semana en Bangkok. Pero cuando faltan dos meses para la cumbre decisiva de Copenhague, en diciembre, los muertos que dejó el tifón Ketsana en Filipinas, Vietnam y Camboya, aparecen como una advertencia.
Los países del sudeste asiático "son los que estarán confrontados a las consecuencias de los cambios climáticos si no obtenemos un acuerdo en Copenhague", destacó Yvo de Boer, el más alto responsable del clima en la ONU. "Las ciudades costeras son susceptibles de verse afectadas por una elevación del nivel del mar, los tifones, las inundaciones y los cambios de comportamientos climáticos", agregó.
El miércoles, Filipinas lanzó un llamado a los países desarrollados para que reduzcan sus emisiones de gas carbónico. "Las ruinas y el dolor no habrán sido vanos si adoptan medidas significativas", estimó Heherson Alvarez, jefe del equipo de negociación filipino.
Por el momento, las negociaciones de Bangkok siguen enfrentándose a los mismos obstáculos de hace meses. Los países más pobres rechazan asumir el riesgo de aminorar su desarrollo pidiendo a los ricos que paguen la factura y que sean ellos los que hagan los primeros esfuerzos. Por su lado, los países industrializados consideran que no pueden alcanzar los objetivos sin la participación de todos.
Hasta ahora, el sudeste de Asia no había asumido ningún compromiso en lo relativo a emisiones de gas carbónico, pero las cosas podrían cambiar. Indonesia indicó esta semana que su presidente había previsto una reducción del 26% de las emisiones de gas carbónico de aquí a 2020. Según los expertos, este país es el tercer emisor de gas carbónico en el mundo.
La región prevé reforzar sus reclamos mediante la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean).
Queda a los miembros del bloque regional el encontrar una posición común.
Por Danny Kemp. De la Agencia AFP
BANGKOK.- La serie de tifones que acecharon esta semana el sudeste de Asia demuestran la gran vulnerabilidad de la región ante el cambio climático, pero permitirán quizás a esta región hacer oír su voz en las negociaciones internacionales sobre el clima.
Hasta ahora, los países asiáticos, tremendamente expuestos a las catástrofes climáticas, no se han manifestado frente a los países ricos en las negociaciones iniciadas hace dos años sobre el calentamiento global y que se reanudaron esta semana en Bangkok. Pero cuando faltan dos meses para la cumbre decisiva de Copenhague, en diciembre, los muertos que dejó el tifón Ketsana en Filipinas, Vietnam y Camboya, aparecen como una advertencia.
Los países del sudeste asiático "son los que estarán confrontados a las consecuencias de los cambios climáticos si no obtenemos un acuerdo en Copenhague", destacó Yvo de Boer, el más alto responsable del clima en la ONU. "Las ciudades costeras son susceptibles de verse afectadas por una elevación del nivel del mar, los tifones, las inundaciones y los cambios de comportamientos climáticos", agregó.
El miércoles, Filipinas lanzó un llamado a los países desarrollados para que reduzcan sus emisiones de gas carbónico. "Las ruinas y el dolor no habrán sido vanos si adoptan medidas significativas", estimó Heherson Alvarez, jefe del equipo de negociación filipino.
Por el momento, las negociaciones de Bangkok siguen enfrentándose a los mismos obstáculos de hace meses. Los países más pobres rechazan asumir el riesgo de aminorar su desarrollo pidiendo a los ricos que paguen la factura y que sean ellos los que hagan los primeros esfuerzos. Por su lado, los países industrializados consideran que no pueden alcanzar los objetivos sin la participación de todos.
Hasta ahora, el sudeste de Asia no había asumido ningún compromiso en lo relativo a emisiones de gas carbónico, pero las cosas podrían cambiar. Indonesia indicó esta semana que su presidente había previsto una reducción del 26% de las emisiones de gas carbónico de aquí a 2020. Según los expertos, este país es el tercer emisor de gas carbónico en el mundo.
La región prevé reforzar sus reclamos mediante la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean).
Queda a los miembros del bloque regional el encontrar una posición común.
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Cambio climático
lunes, 21 de septiembre de 2009
Pobreza y cambio climático
Pobreza y cambio climático. Por: Helen Clark. Fuente: Administradora del PNUD
El cambio climático afectará primero y más a los más vulnerables. Combatir la pobreza y proteger nuestro planeta deben ir de la mano. Es hora de exigir visión y acción por un mundo mejor, más limpio y más sostenible.
Debemos asegurar modelos de vida y de desarrollo en equilibrio de los ecosistemas y encontrar un crecimiento más sostenible. El cambio climático presenta desafíos y oportunidades. Si las naciones avanzan en las conversaciones de Copenhague, se logrará reducir las emisiones; desarrollar procesos productivos menos dependientes del carbono y del consumo; orientar la financiación del clima para el crecimiento económico; y aportar alternativas incluyentes para salir de la pobreza.
Las negociaciones sobre cambio climático deberían, al menos, contemplar tres imperativos para los países en desarrollo. Primero, los países en desarrollo deberían crear las condiciones para una vida digna. Sin acceso básico al agua, a servicios de saneamiento, alimentos y energía, a instituciones eficientes y mecanismos de participación, la gente no podrá sobrellevar el peso del cambio climático.
Segundo, sus habitantes necesitan apoyo para fomentar capacidades de adaptación. Implica ayudar a que estos países den prioridad a la adaptación al cambio climático para combatir la pobreza. Estos esfuerzos deberían ser flexibles y resistentes.
Tercero, los países en desarrollo necesitan socios para crear vías de crecimiento menos dependientes del carbono. Implica orientar los fondos públicos y privados hacia inversiones más limpias.
Se requerirá una voluntad política firme que no obstaculice el interés del planeta. Podremos sellar un pacto para el desarrollo y construir un futuro más pacífico y próspero. Necesitamos invertir ahora para proteger el clima, nuestras vidas y las de nuestros descendientes.
Sabemos qué debemos hacer. Podemos no hacer nada, o muy poco; o podemos luchar juntos, codo a codo, contra el cambio climático. Espero que en diciembre, en Copenhague, aunemos la valentía colectiva para actuar.
El cambio climático afectará primero y más a los más vulnerables. Combatir la pobreza y proteger nuestro planeta deben ir de la mano. Es hora de exigir visión y acción por un mundo mejor, más limpio y más sostenible.
Debemos asegurar modelos de vida y de desarrollo en equilibrio de los ecosistemas y encontrar un crecimiento más sostenible. El cambio climático presenta desafíos y oportunidades. Si las naciones avanzan en las conversaciones de Copenhague, se logrará reducir las emisiones; desarrollar procesos productivos menos dependientes del carbono y del consumo; orientar la financiación del clima para el crecimiento económico; y aportar alternativas incluyentes para salir de la pobreza.
Las negociaciones sobre cambio climático deberían, al menos, contemplar tres imperativos para los países en desarrollo. Primero, los países en desarrollo deberían crear las condiciones para una vida digna. Sin acceso básico al agua, a servicios de saneamiento, alimentos y energía, a instituciones eficientes y mecanismos de participación, la gente no podrá sobrellevar el peso del cambio climático.
Segundo, sus habitantes necesitan apoyo para fomentar capacidades de adaptación. Implica ayudar a que estos países den prioridad a la adaptación al cambio climático para combatir la pobreza. Estos esfuerzos deberían ser flexibles y resistentes.
Tercero, los países en desarrollo necesitan socios para crear vías de crecimiento menos dependientes del carbono. Implica orientar los fondos públicos y privados hacia inversiones más limpias.
Se requerirá una voluntad política firme que no obstaculice el interés del planeta. Podremos sellar un pacto para el desarrollo y construir un futuro más pacífico y próspero. Necesitamos invertir ahora para proteger el clima, nuestras vidas y las de nuestros descendientes.
Sabemos qué debemos hacer. Podemos no hacer nada, o muy poco; o podemos luchar juntos, codo a codo, contra el cambio climático. Espero que en diciembre, en Copenhague, aunemos la valentía colectiva para actuar.
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Cambio climático
martes, 7 de julio de 2009
Acuerdo global sobre el cambio climático
Hay que negociar en serio. Por Jeffrey D. Sachs. Para LA NACION
NUEVA YORK-. Un aspecto extraño y perturbador de la política global de hoy es la confusión entre negociación y resolución de problemas. Según un calendario que se estableció en diciembre de 2007, nos quedan seis meses para llegar a un acuerdo global sobre el cambio climático en Copenhague. Los gobiernos están abocados a una enorme negociación, pero no se han empeñado en ningún esfuerzo enorme para conseguir resolver el problema. Cada país se pregunta: "¿Cómo puedo hacer lo mínimo y lograr que los otros países hagan lo máximo?", cuando en realidad deberían preguntarse: "¿Cómo cooperamos para alcanzar las metas compartidas con un costo mínimo y un beneficio máximo?".
Ambas alternativas parecen iguales, pero no lo son. Enfrentar el problema del cambio climático requiere reducir la emisión de dióxido de carbono procedente de los combustibles fósiles, circunstancia que, a su vez, implica elegir opciones tecnológicas, algunas de las cuales ya existen y muchas más que deben ser desarrolladas. Por ejemplo, las usinas de carbón, en el caso de que sigan siendo una parte importante de la producción energética, deberán capturar y almacenar el CO2, un proceso denominado "captura y secuestro de carbono", o CCS, según sus siglas en inglés, para abreviar. Sin embargo, aún no se ha probado esta tecnología.
De manera semejante, necesitamos que haya confianza pública en una nueva generación de poder nuclear, cuyas plantas sean seguras y controladas de manera responsable. Necesitaremos nuevas tecnologías para movilizar energía solar, energía eólica y energía geotermal en gran escala. Podríamos tratar de probar con los biocombustibles, pero sólo de maneras que no compitan con el abastecimiento de alimentos ni amenacen preciosos valores del medio ambiente.
Y la lista sigue. Necesitamos mejorar la eficiencia energética, por medio de "edificios verdes", y electrodomésticos más eficientes. Necesitamos cambiar los autos con motores de combustión interna por vehículos híbridos, híbridos conectables a enchufes, alimentados por baterías o por pilas de combustible.
Lograr una nueva generación de vehículos eléctricos requerirá una década de asociación entre el sector público y el privado para el desarrollo de una tecnología básica (tal como mejores baterías), un tendido eléctrico más potente, nueva infraestructura para recargar los automóviles, y muchas cosas más. De manera semejante, hará falta una década de inversiones públicas y privadas para demostrar la factibilidad de usinas de carbón que capturen el dióxido de carbono.
La transición a nuevas tecnologías no depende de las negociaciones, sino de la ingeniería, la planificación, la financiación y de los incentivos. ¿Cómo puede hacer el mundo para desarrollar, demostrar y después difundir de la manera más eficaz estas nuevas tecnologías? En los casos en que es improbable que los beneficios lleguen a manos de inversores privados, ¿quién debería pagar por los primeros modelos de prueba, que insumen miles de millones de dólares? ¿Cómo debemos preservar los incentivos privados para la investigación y para el desarrollo mientras nos comprometemos a transferir las tecnologías exitosas a los países en desarrollo?
Todas estas preguntas son urgentes y aún no tienen respuesta. Sin embargo, las negociaciones globales sobre el cambio climático se centran en otro conjunto de problemas. Las negociaciones se refieren primordialmente a cuáles son los grupos de países que deberían reducir sus emisiones, en qué grado, con cuánta rapidez y para qué plazo. Se impone a los países que para 2020 deben haber reducido sus emisiones en un porcentaje determinado, sin grandes debates serios sobre la manera en que puede lograrse esa reducción. Las respuestas dependen, por supuesto, de las tecnologías de baja emisión de las que se dispondrá y de la rapidez con la que pueda empleárselas.
Consideremos el caso de los Estados Unidos. Para reducir significativamente las emisiones, el país debería reemplazar sus vehículos por una nueva flota de automóviles, cada vez más alimentados por electricidad. Estados Unidos también tiene que decidir la renovación y la ampliación de sus plantas de energía nuclear, y el uso de terrenos públicos para la construcción de nuevas plantas de energía renovable, especialmente las que emplean energía solar. Y Estados Unidos necesitará un nuevo tendido eléctrico para llevar energía renovable desde lugares con baja densidad poblacional -como los desiertos del Sudoeste en el caso de la energía solar, y las planicies del Norte en el caso de la energía eólica- a las costas densamente pobladas. Pero todo esto requiere de la existencia de un plan nacional, no simplemente de una meta de reducción de las emisiones.
De manera similar, China, al igual que los Estados Unidos, puede reducir las emisiones de CO2 mediante una mayor eficiencia energética y una nueva flota de vehículos eléctricos. Pero China debe considerar el problema desde el punto de vista ventajoso de una economía que depende del carbón. Las futuras decisiones de China dependen de que "el carbón limpio" pueda funcionar de manera eficaz a gran escala. Así, el futuro de las emisiones en China depende crucialmente de las primeras pruebas de la tecnología CCS.
Un enfoque global verdaderamente creativo sería discutir primero las mejores opciones tecnológicas y económicas disponibles, y cómo mejorar esas opciones por medio de la investigación y el desarrollo preacordados y mejores incentivos económicos. Las negociaciones se centrarían en el rango de opciones disponibles en cada país y en cada región -desde CSS hasta energía solar, eólica y nuclear- y establecerían una agenda tentativa para la producción de una nueva generación de automóviles con bajo nivel de emisión, tomando en cuenta que, tanto la competencia de mercado como el financiamiento público, impondrán el ritmo real de concreción.
Basándose en este esquema fundamental, el mundo podría acceder a asignar los costos que tendría acelerar el desarrollo y la difusión de las nuevas tecnologías de bajo nivel de emisión. Este encuadre global sustentaría los objetivos nacionales y globales de control de las emisiones y controlaría el progreso de las tecnologías de reemplazo. A medida que se prueben las nuevas tecnologías, los objetivos se harían más rigurosos. Por supuesto, parte de la estrategia sería crear incentivos de mercado para las nuevas tecnologías de bajo nivel de emisiones, para que los inventores pudieran desarrollar sus propias ideas con la perspectiva de lograr grandes ganancias, en el caso de que resultaran exitosas.
Tal vez mi petición de que se discutan planes y estrategias con objetivos específicos en cuanto a la reducción de emisiones parezca poner en riesgo la concreción de las negociaciones. Pero si no tenemos una estrategia que acompañe nuestros objetivos, los gobiernos del mundo tal vez no acepten esos objetivos en primer lugar, o tal vez los acepten de manera cínica, sin ninguna intención real de cumplirlos. Debemos pensar seriamente, y con un espíritu cooperativo, sobre las opciones tecnológicas reales del mundo, y después abocarnos a construir un encuadre global común que nos permita saltar hacia una nueva era, basada en tecnologías factibles y sustentables en los sectores de energía, transporte, industria y construcción edilicia.
NUEVA YORK-. Un aspecto extraño y perturbador de la política global de hoy es la confusión entre negociación y resolución de problemas. Según un calendario que se estableció en diciembre de 2007, nos quedan seis meses para llegar a un acuerdo global sobre el cambio climático en Copenhague. Los gobiernos están abocados a una enorme negociación, pero no se han empeñado en ningún esfuerzo enorme para conseguir resolver el problema. Cada país se pregunta: "¿Cómo puedo hacer lo mínimo y lograr que los otros países hagan lo máximo?", cuando en realidad deberían preguntarse: "¿Cómo cooperamos para alcanzar las metas compartidas con un costo mínimo y un beneficio máximo?".
Ambas alternativas parecen iguales, pero no lo son. Enfrentar el problema del cambio climático requiere reducir la emisión de dióxido de carbono procedente de los combustibles fósiles, circunstancia que, a su vez, implica elegir opciones tecnológicas, algunas de las cuales ya existen y muchas más que deben ser desarrolladas. Por ejemplo, las usinas de carbón, en el caso de que sigan siendo una parte importante de la producción energética, deberán capturar y almacenar el CO2, un proceso denominado "captura y secuestro de carbono", o CCS, según sus siglas en inglés, para abreviar. Sin embargo, aún no se ha probado esta tecnología.
De manera semejante, necesitamos que haya confianza pública en una nueva generación de poder nuclear, cuyas plantas sean seguras y controladas de manera responsable. Necesitaremos nuevas tecnologías para movilizar energía solar, energía eólica y energía geotermal en gran escala. Podríamos tratar de probar con los biocombustibles, pero sólo de maneras que no compitan con el abastecimiento de alimentos ni amenacen preciosos valores del medio ambiente.
Y la lista sigue. Necesitamos mejorar la eficiencia energética, por medio de "edificios verdes", y electrodomésticos más eficientes. Necesitamos cambiar los autos con motores de combustión interna por vehículos híbridos, híbridos conectables a enchufes, alimentados por baterías o por pilas de combustible.
Lograr una nueva generación de vehículos eléctricos requerirá una década de asociación entre el sector público y el privado para el desarrollo de una tecnología básica (tal como mejores baterías), un tendido eléctrico más potente, nueva infraestructura para recargar los automóviles, y muchas cosas más. De manera semejante, hará falta una década de inversiones públicas y privadas para demostrar la factibilidad de usinas de carbón que capturen el dióxido de carbono.
La transición a nuevas tecnologías no depende de las negociaciones, sino de la ingeniería, la planificación, la financiación y de los incentivos. ¿Cómo puede hacer el mundo para desarrollar, demostrar y después difundir de la manera más eficaz estas nuevas tecnologías? En los casos en que es improbable que los beneficios lleguen a manos de inversores privados, ¿quién debería pagar por los primeros modelos de prueba, que insumen miles de millones de dólares? ¿Cómo debemos preservar los incentivos privados para la investigación y para el desarrollo mientras nos comprometemos a transferir las tecnologías exitosas a los países en desarrollo?
Todas estas preguntas son urgentes y aún no tienen respuesta. Sin embargo, las negociaciones globales sobre el cambio climático se centran en otro conjunto de problemas. Las negociaciones se refieren primordialmente a cuáles son los grupos de países que deberían reducir sus emisiones, en qué grado, con cuánta rapidez y para qué plazo. Se impone a los países que para 2020 deben haber reducido sus emisiones en un porcentaje determinado, sin grandes debates serios sobre la manera en que puede lograrse esa reducción. Las respuestas dependen, por supuesto, de las tecnologías de baja emisión de las que se dispondrá y de la rapidez con la que pueda empleárselas.
Consideremos el caso de los Estados Unidos. Para reducir significativamente las emisiones, el país debería reemplazar sus vehículos por una nueva flota de automóviles, cada vez más alimentados por electricidad. Estados Unidos también tiene que decidir la renovación y la ampliación de sus plantas de energía nuclear, y el uso de terrenos públicos para la construcción de nuevas plantas de energía renovable, especialmente las que emplean energía solar. Y Estados Unidos necesitará un nuevo tendido eléctrico para llevar energía renovable desde lugares con baja densidad poblacional -como los desiertos del Sudoeste en el caso de la energía solar, y las planicies del Norte en el caso de la energía eólica- a las costas densamente pobladas. Pero todo esto requiere de la existencia de un plan nacional, no simplemente de una meta de reducción de las emisiones.
De manera similar, China, al igual que los Estados Unidos, puede reducir las emisiones de CO2 mediante una mayor eficiencia energética y una nueva flota de vehículos eléctricos. Pero China debe considerar el problema desde el punto de vista ventajoso de una economía que depende del carbón. Las futuras decisiones de China dependen de que "el carbón limpio" pueda funcionar de manera eficaz a gran escala. Así, el futuro de las emisiones en China depende crucialmente de las primeras pruebas de la tecnología CCS.
Un enfoque global verdaderamente creativo sería discutir primero las mejores opciones tecnológicas y económicas disponibles, y cómo mejorar esas opciones por medio de la investigación y el desarrollo preacordados y mejores incentivos económicos. Las negociaciones se centrarían en el rango de opciones disponibles en cada país y en cada región -desde CSS hasta energía solar, eólica y nuclear- y establecerían una agenda tentativa para la producción de una nueva generación de automóviles con bajo nivel de emisión, tomando en cuenta que, tanto la competencia de mercado como el financiamiento público, impondrán el ritmo real de concreción.
Basándose en este esquema fundamental, el mundo podría acceder a asignar los costos que tendría acelerar el desarrollo y la difusión de las nuevas tecnologías de bajo nivel de emisión. Este encuadre global sustentaría los objetivos nacionales y globales de control de las emisiones y controlaría el progreso de las tecnologías de reemplazo. A medida que se prueben las nuevas tecnologías, los objetivos se harían más rigurosos. Por supuesto, parte de la estrategia sería crear incentivos de mercado para las nuevas tecnologías de bajo nivel de emisiones, para que los inventores pudieran desarrollar sus propias ideas con la perspectiva de lograr grandes ganancias, en el caso de que resultaran exitosas.
Tal vez mi petición de que se discutan planes y estrategias con objetivos específicos en cuanto a la reducción de emisiones parezca poner en riesgo la concreción de las negociaciones. Pero si no tenemos una estrategia que acompañe nuestros objetivos, los gobiernos del mundo tal vez no acepten esos objetivos en primer lugar, o tal vez los acepten de manera cínica, sin ninguna intención real de cumplirlos. Debemos pensar seriamente, y con un espíritu cooperativo, sobre las opciones tecnológicas reales del mundo, y después abocarnos a construir un encuadre global común que nos permita saltar hacia una nueva era, basada en tecnologías factibles y sustentables en los sectores de energía, transporte, industria y construcción edilicia.
Etiquetas:
Cambio climático
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